Por: José Luis Lizardi G. | lizardi93@hotmail.com

El profesor Philip Zimbardo de la Universidad de Stanford, realizó a finales de los años 70 un experimento en materia de psicología social, que después se conocería como “la teoría de las ventanas rotas”. Consistió en abandonar dos vehículos de la misma marca, línea y modelo en dos zonas distintas de Nueva York: Bronx y Palo Alto.

La primera zona mencionada, era un barrio pobre e inseguro, mientras la otra era segura y habitada por gente de la clase social alta. No tuvo que transcurrir mucho tiempo para que el auto abandonado en Bronx fuera vandalizado; en cambio el que se encontraba en Palo Alto seguía íntegro. Al percatarse de la situación, quienes formaban parte del experimento procedieron a romper una de las ventanillas de este último, lo que generó el mismo resultado, es decir, fue vandalizado.

¿A qué conclusión se llegó a partir de lo anterior? Bastó con que en ambos barrios alguien dañara el vehículo, se percatara de que no hubo reacción alguna por parte de autoridades y habitantes de la localidad, lo que originó que cada uno de ellos fuera prácticamente destruido. La sociedad, en cada caso, percibió el automóvil dañado como un sinónimo de desinterés, deterioro y ausencia de normas, lo que incitó a más personas a cometer conductas antisociales, ya que nada ni nadie se los impedía. Una localidad que exhibe signos de descuido, desorden, suciedad y ausencia de valores será más propensa a que se practiquen en ellas actos de este tipo.

Recientemente en Tijuana, se han registrado una gran cantidad delitos denominados “de alto impacto”, sin embargo, no son los únicos que ocurren, ya que diariamente también se cometen delitos no graves y faltas al Bando de Policía y Gobierno. Independientemente de la clasificación o denominación de las conductas antisociales y delitos que ocurren, son fenómenos que están generando un daño inmenso en la ciudadanía, pero es esta misma quien tiene en sus manos la posibilidad de disminuir y evitar algunos de los mencionados, tomando en cuenta el aprendizaje que nos dejó la teoría de las ventanas rotas: llevando a cabo acciones como organizarse con vecinos para limpiar frecuentemente las banquetas y calles de nuestra colonia, depositar la basura en los contenedores indicados, remover el graffiti de bardas y cocheras, reportar ante las autoridades vehículos abandonados, entre otras.

Desde luego, los resultados podrían llegar a mediano y largo plazo, pues no se lograría nada realizando lo recomendado por un día y olvidándolo al siguiente. Mucho menos lograríamos algo sin empezar a hacerlo, así que debemos tomar la iniciativa y no dejar todo en manos de autoridades. Formemos parte de la solución, aunque la veamos imposible, difícil o lejana.

Recordemos la siguiente fábula, que al igual que la teoría de las ventanas rotas, nos dejará un aprendizaje y motivará a cambiar la situación que estamos viviendo:

En cierto lugar de oriente, había una montaña inmensa que no permitía que los rayos de sol proporcionaran luz y calor a sus pobladores, lo que representaba dificultades para que se desarrollaran sanamente. De pronto, el más viejo de los habitantes se separa del grupo y es cuestionado por los demás: “¿A dónde vas viejo?”. Él responde que va a la montaña. Después le preguntan el motivo, por lo que replica: “¡Voy a moverla!”. Admirados, le preguntan con qué pensaba moverla y para su sorpresa, les mostró una cuchara. “Jajaja, nunca podrás” le gritaron, pero el viejo respondió: “Sí, nunca podré, pero alguien tiene que comenzar a hacerlo”.

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